lunes, 20 de octubre de 2014

Espejos

Alerta cruzó las fronteras de multitud de mundos imaginados para encontrarse con su reflejo, o más correctamente, para reflejarse. Pero, como pasa con las personas, no todos los espejos son capaces de atraerla.
Ésa es otra: los espejos. Aunque, por definición, los espejos son láminas de vidrio que reflejan la realidad que les rodea, éstos no pueden captar la verdadera esencia de las cosas. Y es que, realmente, los únicos espejos que son capaces de atraer a Alerta son los ojos de aquel que mira para entender, que observa su realidad para intentar comprenderla. Quizá parezca fácil, pero muy pocos son capaces de lograrlo.
La sociedad se ha vuelto tan mecánica que las personas han dejado de ser personas para convertirse en gente; que ya no hablan, sólo intercambian palabras; y que ven el mundo que les rodea, pero son incapaces de mirarlo, porque no pueden – o no quieren – comprenderlo.

Pero alguien la miró, fue capaz de sentirla, y éso fue lo que la llamó: un grito silencioso pidiendo conocerla, una mirada sincera. Y por ello atravesó sueños que nunca fueron soñados, parajes que nadie llegó jamás a imaginar, y vivió historias que nadie pensó, hasta entonces. Se colocó ante las aguas del Mar de los Sueños, y esperó, mirando atenta su reflejo, o lo que creía su reflejo, pues estas aguas tienen la peculiaridad de no mostrar lo que tienen ante sí, sino lo que se encuentra al otro lado. Ésa es la capacidad que tienen las lágrimas no derramadas, que son capaces de ver lo que hay dentro de una persona, y de mostrarlo.

Al otro lado, Ella se desperezó frente al espejo. Había tenido un sueño extraño, un sueño en el que había atravesado gran cantidad de mundos fantásticos buscando... no recordaba qué, aunque tal vez nunca lo hubiera sabido. Se había acercado a un mar para verse reflejada en sus aguas, pero antes de poder atisbar una mísera sombra en ellas, había despertado.
Con los ojos aún legañosos de sueño, captó un relámpago de luz en los ojos de su reflejo. Fue un momento, pero esa luz logró que le invadiera una profunda sensación de reconocimiento. Observó a la chica que se encontraba al otro lado del cristal y se dio cuenta de que, a pesar del parecido, no era ella. Sus ojos brillaban de forma diferente, y la curvatura de su sonrisa le incitaba a creer en algo que aún no comprendía.
Alargó el brazo derecho hacia ella y la chica del espejo imitó el movimiento, dejando a la vista los tatuajes que le adornaban la piel de la mitad izquierda de su cuerpo. Curiosa, Ella se miró su propia piel, blanca y tersa, libre de tinta. Levantó la vista, colocó la mano sobre el cristal y, mirando a su reflejo a los ojos, asintió.

En la orilla del mar, Alerta sonrió e introdujo su mano en el Mar de los Sueños. Junto al tacto húmedo, los recuerdos olvidados que habitaban en aquellas aguas se enredaron en su piel, uniendo las dos manos que acababan de rozarse. Y ambas realidades se encontraron y, aunque siguen siendo independientes, ahora somos capaces de deambular entre ellas, pues el grueso muro de incomprensión que las separaba se había desvanecido.